La respuesta es una simple cruz
- Agustina

- 10 abr 2020
- 2 Min. de lectura
A estas alturas, cuarentena es sinónimo de recordar, para mi obviamente. Pero porque me ha hecho recordar aquellos lugares que hace mucho no visito, personas que hace tiempo no veo, momentos, emociones. Me hizo ordenar, por fuera y por dentro, y recordar muchas cosas. Es Semana Santa, diferente, lo cual la vuelve aún más especial. Entonces, recordé. Recordé mi primer momento donde me plantee "bueno, soy católica" para muchos ha sido tradición familiar, he conocido personas que ya de grandes se hicieron creyentes. Mis primeros recuerdos son: mi abuela rezando el rosario en su casa con las de la Acción Católica. Mi mamá llevándome a Misa. El colegio católico y su parroquia. Una vecina invitándome a grupos de la parroquia. Y así, pero verdaderamente mi recuerdo más profundo fue mi Primera Comunión, algo a lo cual claramente me llevaron mis papás, porque yo apenas tenía nueve años. Pero ese fue el gran momento. Después uno crece, en el camino muchos amigos dejaron de creer, muchos cercanos que conocí por la Iglesia se alejaron, me manifestaron muchas cosas en contra. Pero ahí seguía yo. Me pasaron cosas que podrían haberme alejado, porque muchos piensan que creemos en Dios porque somos perfectos y si nos pasa algo malo, nos alejamos. Y no es así, nos aferramos aún más. Creer en Dios nunca fue algo fácil, hubieron muchos perseguidos, muchos hechos horribles en nombre de Dios, hay críticas, hay hechos de la misma Iglesia que nos avergüenzan y nos dan bronca, hay miradas, hay apodos y hay situaciones que te hacen decir: ¿en serio elegí esto? pero sí. Cuando más te preguntas, más preguntas encontrás, y nada se parece a esos hechos horribles. Para mi la respuesta está en una simple cruz. Esta imagen de la cruz es mi favorita, María a los pies de su hijo crucificado. Fue un regalo, un regalo de un amigo que me regaló su tiempo, su corazón y su oído en tiempos donde verdaderamente eran necesarios. Pero siempre supe quien estuvo detrás de eso, cada vez que miro la cruz. La fe de las personas que somos católicas va mucho más allá de una Iglesia, es contemplar, amar, pensar, reflexionar, rezar, enojarse, llorar, y así. No es para nada perfecto.
Es un desafío del día a día. De aquellos que eligieron su camino al servicio de la Iglesia, de aquellos que dejan cosas, de aquellos que no se animan, de aquellos que aún dudan. Ser católica fue la mejor decisión en cual caí a los nueve años de edad, y me replantee varias veces, porque ser testimonio también es aceptar que uno duda. Si tuviera que contar todas las actividades y cosas que hecho por Dios son infinitas, pero más infinitas son las cosas que Él ha hecho y hace por mi, por medio de muchas cosas. La respuesta es una simple cruz.





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