Agradecerle a la pasión
- Agustina

- 1 may 2018
- 2 Min. de lectura
Cuando era chica escuchaba a las personas decir que algo o alguien los apasionaba. Y no lo entendía. Algunos hacían algún deporte -y eso les apasionaba-, otros eran fanáticos de una banda -y esa era su pasión-.
Quizás mi pasión la tuve siempre conmigo y la comprendí en algunos hechos concretos.
"La religión, el fútbol y la política" se heredan, me solía decir mi papá. Vamos a hablar puntualmente de lo segundo: el fútbol.
¿El fútbol se hereda? mi papá me llevó a conocer una cancha de fútbol y a festejar un ascenso con apenas dos meses de gestación (si, en la panza de mi mamá) ¿Qué se iba a imaginar él que la pasión iba a venir desde antes de nacer? A lo mejor haber vivido eso explica mi pasión de hoy.
Después, como a los cinco años, me llevó a ver un partido de fútbol. Recuerdo poco, como cortar en pedacitos el diario de hace dos meses para llevar y tirarlos al aire cuando ese equipo (mi equipo) saliera al campo de juego. También me acuerdo de saltar y correr por la tribuna con mi hermano y él. Así, sin entender porque puteaban, o porque decían "era offside"- y se acordarán de todas las integrantes de la familia del hombrecito de traje negro con el silbato.
Así, mi papá me empezó a inculcar mi primera y mejor herencia: la pasión por un equipo de fútbol. Y siempre me llamó la atención ese equipo, esos colores, escuchaba a alguien hablar de él y algo se movía dentro mio. Veía el escudo pintado en una pared, una camiseta, y me llenaba de orgullo. "Mi papá me hizo hincha de ese equipo".
Hay muchos tipos de pasiones, pero la mía, por el fútbol, es esta. Y no quiero que sea otra. La elegí por herencia de mi papá para alegrarme, llorar, enojarme, festejar y vivir miles de emociones con estos colores, y gracias a estos colores las vivo.
Aprendí lo que era pelear por algo, aprendí a abrazar gente desconocida gritando "gol", aprendí porqué se puteaba al árbitro, aprendí lo que era llorar por perder un partido, aprendí lo que era una pasión, de esa que escuché hablar cuando era una nena. Aprendí lo que era querer a algo en sus peores momentos, y a festejar en los buenos. Aprendí a apoyar siempre a esos jugadores y cuerpo técnico- que van y vienen- pero nosotros, los apasionados, seguimos ahí.
Hay tantos sentimientos inexplicables, este es uno. "Solo entiende mi locura, quien comparte mi pasión" dicen por ahí.
¿Y qué más se puede hacer? ¿Agradecer? Agradecer es poco, cuando es una pasión lo que nos vuelve locos.
Por cierto, soy hincha de Godoy Cruz Antonio Tomba, el Expreso, el Bodeguero.
Y esto es una parte de la historia sobre mi pasión.





Comentarios